Un volante bimasa es un volante partido en dos piezas con muelles y grasa amortiguadora entre ellas. Su trabajo es absorber los pulsos del cigüeñal para que a la caja de cambios llegue un par suave. Cuando los muelles se vencen y la grasa se agota, las dos masas empiezan a golpearse entre sí y el coche adquiere un conjunto de sonidos característicos. Aquí tiene cómo suenan y con qué se confunden más a menudo.

Los tres momentos en que se oye

Un volante gastado no hace ruido continuamente, solo en regímenes concretos, y esa es su firma principal.

Al arrancar. En el primer segundo de giro del motor de arranque llega desde debajo de la caja de cambios un castañeteo o traqueteo metálico corto, como si dentro de la carcasa se moviera hierro suelto. Dura una fracción de segundo y desaparece en cuanto el motor prende.

Al apagar. El mismo castañeteo, pero bastante más fuerte: al pararse, el motor atraviesa la zona de resonancia. Muchos conductores lo notan primero así: «el coche da un golpe cuando quito la llave».

Al ralentí y al salir. Aparece un traqueteo que cambia al pisar el embrague, junto con vibración a través del piso y de la palanca de cambios. Al pasar de primera a segunda el coche puede dar un tirón, sobre todo en caliente.

Separarlo de los vecinos

PiezaCuándo hace ruidoCarácter del sonido
Volante bimasaArranque, parada, salidaCastañeteo, traqueteo, vibración por el piso
Cojinete de embragueSolo con el pedal pisadoZumbido susurrante uniforme
Soporte de motorAl salir, marcha atrás, ralentíGolpe sordo, sacudida hacia la carrocería
Motor de arranque, coronaSolo durante el arranqueRechinar, chirrido de engranajes
Cubrecárter, escapeEn baches, con vibraciónTraqueteo de chapa, ignora el pedal

La clave para separarlos es el pedal de embrague y el momento en que aparece el sonido. El volante responde al arranque y a la parada del motor; un soporte responde a los cambios de carga al salir y al pasar de marcha adelante a marcha atrás. El catálogo general de traqueteos y temblores al ralentí está en la página de síntoma vibración al ralentí, y el cuadro completo de señales, en señales de un volante bimasa averiado.

Qué comprueba un taller

El diagnóstico exacto sale de la pieza desmontada: al volante se le mide el ángulo de giro libre entre las masas y el alabeo. Mientras la caja de cambios sigue montada, el mecánico construye un cuadro indirecto:

  1. escucha el arranque y la parada desde fuera, junto al paso de rueda y desde abajo;
  2. valora la vibración al ralentí con el pedal suelto y pisado;
  3. comprueba los soportes de motor bajo carga, para no achacarle al volante la culpa de otro — comprobar los soportes de motor bajo carga;
  4. busca restos de grasa del volante en la campana de la caja, si los hay.

Un punto aparte: los coches con cambio automático no llevan volante bimasa en el sentido habitual —ese papel lo hace el convertidor de par— y los ruidos que vienen de ahí suenan bastante distintos.

Cómo se decide la reparación

La economía es la misma que con el embrague: usted paga sobre todo por sacar la caja de cambios, no por la pieza. De ahí una regla práctica: si ha aparecido el castañeteo y el embrague lleva ya más de cien mil kilómetros, lo sensato es hacerlo todo en una visita —volante, kit de embrague, cojinete de empuje y el retén trasero del cigüeñal—, porque a todo eso solo se llega con la caja fuera.

La segunda pregunta que merece la pena hacer es si el volante se puede rectificar o hay que sustituirlo. Algunos admiten un rectificado dentro del límite del fabricante; muchos no. Un taller que mide en vez de adivinar le dirá cuál es su caso.

Se puede circular con un castañeteo leve al apagar, pero vigile la tendencia: más vibración y tirones al salir significan que la holgura ha crecido y que seguir retrasándolo deja de compensar.

El estilo de conducción alarga la vida de esta pieza. Un volante bimasa lleva especialmente mal el trabajo forzado a vueltas bajas, con el coche en marcha larga cerca del ralentí y el motor tirando de la transmisión. Subir de marcha muy pronto a fondo en un coche pesado, remolcar y el uso urbano de parar y arrancar también suman desgaste. La costumbre de llevar las vueltas un poco más altas y reducir antes de que el motor empiece a esforzarse de forma evidente le ahorra trabajo al amortiguador.

Si quiere saber si el sonido está de verdad ligado al arranque y a la parada, grabe los dos momentos con la aplicación Pro-Stuk. Cruza el carácter del sonido con el régimen en que apareció y muestra las causas probables con porcentajes.